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gobierno de Cordoba

Mónica Gutierrez

Mónica Gutierrez

La bolsa o la vida

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Kristalina Giorgieva no pudo ser más explícita: “La Argentina es un paciente con coronavirus de alto riesgo”. La directora general del FMI expuso ante el mundo nuestras dolencias preexistentes y comorbilidades. Una historia clínica de la economía que, como país, nos arroja al tiempo de la pandemia inmunosuprimidos y exhaustos. Con datos de la UCA que ubican en pasado enero al 37,5% de la población bajo la línea de pobreza multidimensional, el 21% atrapada en pobreza estructural, y más de la mitad de los niños y niñas en situación de vulnerabilidad, es muy difícil pensar en cerrarle el paso al virus sin caer en la debacle económica. El tsunami del virus devastador nos encuentra debilitados, sin recurso ni anticuerpo alguno. Eso explica los desesperantes datos del momento. Millones de argentinos ven a diario comprometida su subsistencia cuando no ha pasado ni siquiera un mes desde el comienzo de la encerrona colectiva. Sin lograr controlar la inflación ni el gasto público, endeudados, con el sistema previsional entregando haberes paupérrimos y al borde del colapso, un 40% de trabajo en negro y resistiendo, quién sabe por qué oscuras razones, la bancarización y digitalización de los todos los procesos, será difícil relajar el encierro sin correr aún más riesgo. El Covid-19 nos alcanza cuando seguimos obligados a prácticas ya obsoletas. Apremiados por la urgencia de salir a pagar servicios o buscar efectivo en ventanillas y cajeros, alimentando al coronavirus con colas eternas para trámites que en todo el mundo ya se ejecutan vía web, la cosa se vuelve peligrosamente complicada. La gente de los sectores más vulnerables se agolpa en merenderos y comedores. Hacen cuarentena barrial porque no disponen de un techo digno en el cual resguardarse. Muchos carecen de cloacas y agua potable. De lavandina o alcohol en gel ni hablar. Esperan su ración del día: un plato de comida. Están dentro del radar del asistencialismo y saben que, puede que poco, apenas lo imprescindible, pero necesariamente algo les llegará para llenar la panza, para tirar un día más. Las redes sociales que vienen tejiendo organizaciones sociales, iglesias y ONG también hacen su parte, hoy más activas que nunca. Cuentapropistas, monotributistas y pequeños emprendedores desesperan. Los carcome la incertidumbre. Son pocos los que disponen de resto para pasar un bimestre encapsulados. Necesitan regresar a la actividad en cualquiera de sus formas. Están quemando lo poco que tienen ahorrado. Así estamos.




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