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Opinión - 07/03/2021

Julio Bárbaro

La búsqueda de una criatura desnudó la pobreza que supimos generar

Julio Bárbaro

¿La destrucción de la Argentina integrada fue resultado de un plan maléfico o la consecuencia de una serie de casualidades materiales y de imbéciles y cretinos ejerciendo el poder? Cuando el Rey de España se reunía con nuestros dirigentes de turno para comprar empresas a cambio de simples coimas, había dos coimeros: un Rey corrupto pero patriota y una dirigencia que además de corrupta era traidora a la patria, enorme diferencia para los cultores de las moralinas. Los países hermanos, todos, lograron estabilizar sus monedas. Somos el único que genera pobreza y no tiene proyecto. Esa historia es larga, llegamos a tener todo, desde una flota mercante hasta nuestras propias fábricas de aviones y trenes, todo eso fue vendido, regalado, abandonado, según una imposición de pensamiento supuestamente liberal que nada tiene que ver con ideología alguna, solo con una profunda vocación colonial. Y si la conciencia de nuestra sociedad se desplegó primero con conservadores, luego con radicales y finalmente con peronistas, la destrucción de las últimas cuatro décadas también abarcó todos los tintes ideológicos o supuestamente tales, en esencia con la dictadura y con Menem. En rigor, todos van a continuar dicha tarea degradando sin final aquello que antes habían colaborado a edificar como una sociedad integrada. Nos sedujeron con la fábula de la libre competencia para terminar prisioneros de un colectivo de monopolios.

 

Luego vienen las trampas, esas que acusan solo a un sector, como si la culpa hubiera nacido con Perón o con la misma democracia. La vocación colonial tuvo un germen en el mismo peronismo que se desplegó apenas muerto su fundador, un desarrollo estructural con la dictadura y una traición con Menem que ahora se instala con la pretensión de expresarse en el partido contrario. Con la dictadura se genera la gran deuda externa, con Menem la venta del patrimonio y la destrucción de la industria nacional y luego, nadie detiene esa caída ni se ocupa de integrar socialmente. Entonces, como consecuencia, la pobreza y la miseria continúan su incremento mientras los grandes grupos, en especial los financieros y sus asociados, se van quedando con todo lo rentable. El pequeño comercio al igual que la pequeña industria van cayendo en manos de las corporaciones, de los bancos, que avanzan hasta con los bares y los restaurantes, las farmacias y hasta las panaderías, no dejando nada en manos de la iniciativa privada, esa que dicen incentivar a la par que se ocupan de destruir. Solo quedan fuera del monopolio las verdulerías, poco espacio para intentar que sobreviva una esforzada clase media.

 

 

Muchos imaginamos que Macri podría ser el impulsor de un partido de centro, hasta que nos dimos por enterados que pertenecía a lo peor de la derecha, esa que no tiene ni patria ni bandera, esa que imagina continuar la tarea de un desarrollo colonial. Esta cuestión otorga enorme lógica al sector de ex peronistas, ricos y elegantes que se identifican con ese atroz fracaso que nos habla de las instituciones como si los pobres con libertad pudieran soportar mejor sus carencias. Las instituciones son esenciales, debemos defender a la Suprema Corte como mojón de la libertad de la justicia, pero, así como a los conservadores dichos elementos resultan esenciales, a los necesitados no les soluciona ninguna de sus carencias. Por la justicia se enfrentan el gobierno buscando perdones y la oposición intentando a veces defender las leyes y otras imponer venganzas. Odios hay de los dos lados, miserias y urgencias, necesidades y dolor, siempre culpando al otro, como una democracia de enemigos, una confrontación de fracasos.

 

Durante el golpe asesinaban para achicar el Estado, lo lograron, también era para agrandar su patrimonio y de sobra lo obtuvieron. Ahora buscan culpables por las heridas generadas en semejante saqueo y las huellas están a la vista, solo millares de ricos y millones de pobres. Carezco de datos, pero sin duda debemos ser la sociedad que más se empobreció en las últimas cinco décadas. La fuga de capitales es transferencia de robos porque ese dinero antes era de todos y hasta algunos, al ser empresas del Estado, robaban una parte, ahora que las regalaron, son privadas y se roban todo.

 

Cada supermercado masacra centenares de almaceneros, haber cedido hasta la ganancia de las gaseosas a extranjeros no lo hizo nadie en el mundo. Otro ejemplo son las editoriales, nosotros fuimos los primeros en publicar a García Márquez. Sin embargo, terminamos teniendo que ir a imprimir a España y debíamos esperar que nos enviaran sus ediciones. ¿Por qué tanto retroceso? ¿Si era nuestro, a qué se debía esa necesidad de venderlo? Simplemente una imposición supuestamente ideológica, una idea de la dependencia, mientras los bancos extranjeros financiaban al comprador, nosotros regalábamos los bancos del estado y los provinciales, destruíamos los bienes de todos para iniciar esta miseria que hoy nos lastima. De pronto en las reuniones empresarias la gran mayoría eran gerentes de empresas extranjeras, como si este simple dato en lugar de expresar atroz decadencia, para nuestros cholulos de época se correspondía con una festiva modernidad. Un afamado ministro de economía firmó un convenio con los Estados Unidos según el cual ellos podían comprar medios de comunicación en nuestra tierra dejando en claro que ningún argentino podía hacerlo en la de ellos. Una estrofa más del estatuto del coloniaje. La fuga de capitales es el espejo de las prometidas inversiones, humillarse no suele ser rentable ni permitir la mejoría de la economía. Hace apenas cuatro décadas no había caídos en la calle, la búsqueda de una criatura desnudó la pobreza que supimos generar con los ideólogos de que importar era más eficiente que producir. Olvidaron aclarar que la miseria es la moneda de pago de semejante irracionalidad.

 

El gobierno deambula entre la debilidad de sus ideas y la violencia de sus agresiones. La oposición se instala en la firmeza de sus odios y la ausencia de sutilezas que caracteriza a todo mediocre atacado de soberbia. La danza que ejecutan juntos es desordenada y sin ritmo, en rigor ambos desnudan su impotencia de destino. La política nacional prioriza la justicia para tranquilizar sus conciencias, sin superar la culpa que les impide devolverle el futuro al conjunto de la sociedad. Dos fuerzas políticas que se alternan en sus fracasos, Cristina y Macri escriben libros, sin siquiera interesarse en devolverle a su pueblo el sueño de un mañana digno. Editando fracasos mientras se incrementa la marginalidad, triste, en estas elecciones debemos intentar una salida, nuevos partidos que inicien la recuperación de un destino común. Que la política recupere el debate de un proyecto compartido. No es tan complicado, tarea de patriotas; operadores y empleados abstenerse.

Fuente: Infobae

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