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Interés - 24/02/2021

La increíble historia del hombre que surfeó un tsunami:

Felipe Pomar estuvo 10 años sin contarle a nadie sobre aquella experiencia, fue el primer campeón mundial de este deporte y ahora planea disfrutar de la tabla hasta los 100 años

La increíble historia del hombre que surfeó un tsunami:

El 3 de octubre de 1974 la ciudad de Lima padeció uno de los peores terremotos de su historia. Fueron 90 segundos de un movimiento sísmico de magnitud estimada en 7.4 grados en la escala de Richter que causó más de 200 muertes, más de 3.500 heridos y destruyó más de 4.000 viviendas. Esa misma mañana, a unos pocos kilómetros de la capital peruana, dos intrépidos surfers tomaron la equivocación de tomar sus tablas y lanzarse al mar en busca de la ola más grande del mundo. A más de 45 años de aquella aventura que casi les cuesta la vida, uno de los sobrevivientes relató a Infobae cómo vivió la aterradora experiencia. Felipe Pomar tiene 77 años, vive en Hawaii y el surf aún es parte de su vida. Lo ha sido desde los 15, cuando cambió la natación por el deporte de las olas en el que comenzó a competir dos años más tarde. Desde entonces, la tabla se ha transformado en una extensión de su cuerpo y lo que inició como un pasatiempo, fue ganando cada vez más horas en sus días y terminó siendo tan esencial como sus propias extremidades. A los 17 años empezó a competir y al acabar el colegio sus padres lo obligaron a elegir entre el estudio o el trabajo. En aquel entonces, su mayor deseo era remontar una ola en Hawaii, lugar que creía perfecto para hacerlo, por lo que entonces inició sus estudios de Business en San Francisco, Estados Unidos, ciudad en donde vivía su hermana y que quedaba cerca de su verdadero destino. “Duré tres meses en San Francisco porque me metí al agua y el mar era heladísimo”, rememora desde el otro lado de la línea en un tono sereno, antes de contar que luego de esa experiencia emprendió su viaje más añorado, pero se llevó otra desilusión: “En el verano en Hawaii las olas son muy pequeñas y yo miraba las olas y decía: ‘No hay olas’. Tuve que acostumbrarme a eso hasta que llegó la época de olas grandes”. Meses después se encontró con las tan deseadas paredes de agua que se forman a metros de la costa, pero la realidad lo hizo padecer: “Casi decido dejar el deporte porque eran unas olas enormes, sin forma, con mal viento (...) yo pensé: ‘Tengo 19 años, ¿por qué voy a morir a los 19 años? Mejor me dedico a otra cosa’”. Finalmente desistió del abandono, se instaló allí y tras un año de adaptación comenzó a disfrutar. Tal fue la experiencia que ganó en los Estados Unidos que logró clasificarse para el primer Mundial de Surf, celebrado justamente en Perú en 1965. Si bien su idea inicial era la de llegar a las finales, su desempeño fue tan impresionante que se consagró campeón y se volvió de inmediato una leyenda. Pero la vida en Hawaii, el trofeo, los amigos y la buena vida no eran suficientes para Felipe, que como todo amante de las tablas su mayor ambición era atrapar la ola más grande del mundo. Fue así, que sin quererlo, se encontró con la más peligrosa de todas. En la mañana del 3 de octubre de 1974, se encontraba junto a su amigo Pitty en Punta Hermosa, que por entonces era apenas un pueblo costero al Sur de Lima, cuando la tierra comenzó a moverse. “Cuando estábamos mirando hacia el mar, antes de entrar, mi amigo empezó a gritar y señalar hacia una isla que quedaba a la mano derecha de donde estábamos y yo miré hacia donde él estaba señalando y vi varias personas encima de la isla que estaban haciendo unos movimientos muy raros. Algo raro estaba sucediendo. Y de sorpresa empezó un ruido fuertísimo, era como tener un tren que pasaba a tres o a dos metros, o tener un avión atrás tuyo y después comenzó a temblar la tierra”.

En la desesperación, Pitty huyó rumbo al poblado y Felipe lo persiguió, pero tras recordar que lo más seguro era estar en una zona despejada, optó por detenerse en el medio de una calle. El terremoto duró 90 segundos, lo que lo hizo sospechar que no sólo era un movimiento sísmico, sino que podía tratarse de algo más: “Pensé: ‘Bueno, en la películas he visto que se abre la tierra y por si acaso voy a tener mi tabla debajo y si se abre la tierra pongo la tabla y no me caigo al hueco’. El temblor no acababa y se seguían cayendo paredes y llegó un momento en el que tuve que pensar qué podía ser si no era un temblor. Entonces podía ser el fin del mundo. Antes de que acabara, yo estaba seguro de que era el fin del mundo”.

Finalmente, el ruido y la locura se detuvieron. Pudo así reencontrarse con su amigo y ante la inconsciencia de lo que podía suceder, le propuso saltar al mar para atrapar alguna ola. Es que Felipe había vivido en Hawaii varias alertas de tsunami durante las cuáles él y otros surfers solían meterse al agua para atrapar olas gigantescas, y ante la larga duración que había tenido el terremoto que acababa de terminar, creyó que tendría por fin la oportunidad de encontrarse con la ola más grande del mundo. Sin pensarlo dos veces, ambos cruzaron la playa y saltaron al agua.

“Cuando estábamos en el lugar indicado, mi amigo agarró una ola y regresó pronto y me dijo: ‘Quiero salir a tierra’, le pregunté por qué, si acabábamos de entrar, y me dijo: ‘Si, pero esa olita que acabo de agarrar me ha remontado y me ha mantenido debajo del agua muchísimo mas que ninguna otra ola, es muy raro y quiero irme a la playa’”.

Pero ya era tarde.

Gentileza Infobae

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